Única Medicina contra la
Pandemia Mundial
(Tomado
del Folleto N°007: “El Despertar de los Valientes”)
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de
la gloria de Dios.” Rom. 3:23 (RV)
Un hábito muy saludable que debemos tener los
cristianos es aprender la Escritura de memoria, inclusive ciertas iglesias
estimulan concursos de aprendizaje de textos. Para ganar estas competencias fácilmente,
algunos utilizan la estrategia de aprender versículos cortos y cuya cita bíblica
sea de fácil recordación, este ha sido el caso de Romanos 3:23.
Lo paradójico es que este pequeño versículo
contiene una de las más grandes verdades de la Palabra que, aunque es
fácil de memorizar, es de las más difíciles de comprender. Pablo sabía que su mensaje no tendría impacto si no demostraba lo vital que era para la vida de los romanos este principio fundamental. Por ejemplo, pensemos que alguien proclama tener la vacuna contra la fiebre tibetana; tal vez a muchos no les importará, a menos que se demuestre lo cercana y letal de la enfermedad para sus propias vidas.
fácil de memorizar, es de las más difíciles de comprender. Pablo sabía que su mensaje no tendría impacto si no demostraba lo vital que era para la vida de los romanos este principio fundamental. Por ejemplo, pensemos que alguien proclama tener la vacuna contra la fiebre tibetana; tal vez a muchos no les importará, a menos que se demuestre lo cercana y letal de la enfermedad para sus propias vidas.
El Pecado es la pandemia más devastadora que
contrajo la humanidad y todos nacimos contaminados de ella. Para remarcarlo,
Pablo repite siete veces dicha enseñanza en solo cuatro versículos (9-12) con
palabras como “todos”, “nadie”, “no hay uno solo”, basando su mensaje en otros
pasajes bíblicos (Sal. 14:1-3; 53:1-4).
Tan trascendental es este principio que es una de
las cuatro leyes espirituales que gobiernan el mundo y se revelan claramente en
este capítulo: “Todos hemos pecado, y
por eso estamos lejos de Dios. Pero el nos ama mucho, y… Por medio de Jesús,
nos ha librado del castigo que merecían nuestros pecados… Si confiamos en que
Jesús murió por nosotros, Dios nos perdonará” (Vs 23-26ª TLA).
¡Todo el mundo debe conocer esta verdad, si no,
sufrirán eternamente lo horrores de la muerte espiritual!
COMPROMISO:
Me aseguraré de haber recibido la única cura que me
librará de la destrucción del pecado: Jesucristo, y la llevaré al resto de la
humanidad.
ORACIÓN:
Señor Jesús, sé que al igual que todos los seres
humanos fui genéticamente contaminado por el pecado.
¡Gracias por darme tu vida
a través de tu sacrificio!
Lo acepto y lo compartiré con otros.

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