lunes, 16 de enero de 2017

ÚNICA MEDICINA CONTRA LA PANDEMIA MUNDIAL

Única Medicina contra la Pandemia Mundial
(Tomado del Folleto N°007: “El Despertar de los Valientes”)

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Rom. 3:23 (RV)

Un hábito muy saludable que debemos tener los cristianos es aprender la Escritura de memoria, inclusive ciertas iglesias estimulan concursos de aprendizaje de textos. Para ganar estas competencias fácilmente, algunos utilizan la estrategia de aprender versículos cortos y cuya cita bíblica sea de fácil recordación, este ha sido el caso de Romanos 3:23.
Lo paradójico es que este pequeño versículo contiene una de las más grandes verdades de la Palabra que,  aunque es
fácil de memorizar, es de las más difíciles de comprender. Pablo sabía que su mensaje no tendría impacto si no demostraba lo vital que era para la vida de los romanos este principio fundamental. Por ejemplo, pensemos que alguien proclama tener la vacuna contra la fiebre tibetana; tal vez a muchos no les importará, a menos que se demuestre lo cercana y letal de la enfermedad para sus propias vidas.

El Pecado es la pandemia más devastadora que contrajo la humanidad y todos nacimos contaminados de ella. Para remarcarlo, Pablo repite siete veces dicha enseñanza en solo cuatro versículos (9-12) con palabras como “todos”, “nadie”, “no hay uno solo”, basando su mensaje en otros pasajes bíblicos (Sal. 14:1-3; 53:1-4).


Tan trascendental es este principio que es una de las cuatro leyes espirituales que gobiernan el mundo y se revelan claramente en este capítulo: “Todos hemos  pecado, y por eso estamos lejos de Dios. Pero el nos ama mucho, y… Por medio de Jesús, nos ha librado del castigo que merecían nuestros pecados… Si confiamos en que Jesús murió por nosotros, Dios nos perdonará” (Vs 23-26ª TLA).

¡Todo el mundo debe conocer esta verdad, si no, sufrirán eternamente lo horrores de la muerte espiritual!

COMPROMISO:
Me aseguraré de haber recibido la única cura que me librará de la destrucción del pecado: Jesucristo, y la llevaré al resto de la humanidad.

ORACIÓN:

Señor Jesús, sé que al igual que todos los seres humanos fui genéticamente contaminado por el pecado. 
¡Gracias por darme tu vida a través de tu sacrificio! 
Lo acepto y lo compartiré con otros.

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